Si no has nacido en el Perú de seguro que te sorprenderá este post, y de seguro que también sorprenderá a algunos de mis connacionales debido a que
-aparentemente- me estoy saliendo de la línea de este blog y estoy metiéndome donde no me llaman, o sea en terreno espinoso. Pues sí.
Hoy te pido licencia para hacer una "travesura", para hacer algo que hace años quería hacer y hoy por fin tengo el medio para comunicarlo. Pero antes te voy a explicar un poquito en qué consiste este hiperfamoso y archiconocido potaje que recibe el nombre de Caldo De Gallina.
El caldo de gallina es un típico plato que pertenece a la amplia y deliciosa gastronomía peruana. Es un plato tan arraigado en el acervo popular como “el turrón de doña pepa" o la "procesión del señor de los milagros", o el ceviche, es decir: circula por las venas de los peruanos.
Como ocurre con la mayoría de cosas relacionadas con lo popular, el caldo de gallina también está rodeado de una serie de creencias, muchas de ellas estrafalarias (por decir lo menos) y se le adjudican propiedades casi mágicas, fantásticas y hasta curativas.
He aquí algunas que he escuchado –sorprendido- a lo largo de los años, y de seguro los peruanos que me leen también podrán aporta algo de su cosecha:
- Utilizado como levanta muertos (sea lo que fuere que esto signifique),
- como preventivo de abortos en las mujeres,
- como estimulante el crecimiento en los niños,
- como regularizador la menstruación
- como afrodisíaco,
- como antidiarreico (y todos los anti que te puedas imaginar),
- como tónico revitalizante luego de un encuentro amoroso,
- cura el sida, tuberculosis, cáncer y otras graves dolencias,
- desvanece resacas como por arte de magia,
- cura el susto y el mal de ojo,
- etc., etc.
Es en otras palabras, es el Santo Grial de la medicina popular peruana, por ello la gente ha colocado este potaje sobre un alto pedestal al que se le rinde un culto casi religioso.
Mi intención aquí es justamente bajar al susodicho platito de ese pedestal sagrado y colocarlo donde merece: a ras del suelo. Yo sé que tal vez muchos de mis connacionales al leer este post se van a escandalizar (horror) y me van a acusar de hereje gastronómico. Lo acepto, hereje soy. Y de seguro que ya estarán prendiendo la pira para asarme o la olla para hervirme junto con la gallina. No importa. Pero antes me habré dado el gusto de haber puesto en conocimiento desde un punto de vista netamente nutricional y científico que el susodicho potaje no tiene nada de mágico ni es más nutritivo que una limonada o que un arroz con huevo.
PERO EMPECEMOS POR LA PROTAGONISTA
El caldo de gallina tiene como principal ingrediente a la gallina, obviamente.
¿Y sabes lector de de dónde proviene una gallina para caldo?
Cuando te vas al supermercado a comprar un ave encontrarás pollos, pollos por todos lados (léase machos) no encontrarás por ningún lado alguna “gallina bebé” si cabe el término. No están en venta.
¿Y sabes lector de de dónde proviene una gallina para caldo?
Cuando te vas al supermercado a comprar un ave encontrarás pollos, pollos por todos lados (léase machos) no encontrarás por ningún lado alguna “gallina bebé” si cabe el término. No están en venta.
¿Porqué será eso?
Respuesta: porque todas están poniendo huevos.
Las gallinas que se venden para hacer caldo son animales que ya han concluído
–y en muchos casos excedido- su período de producción de huevos, de 60 semanas. Es decir, han pasado toda su vida (5 años) encerradas y apiñadas en una jaula con otras gallinas, con la única tarea de producir, producir y producir huevos, para ti y para mí.



Como bien ya has sospechado, todos estos animales SON ANIMALES DE DESCARTE, es decir, son gallinas viejas (por ello su carne es más dura que cuero de zapato), fisiológicamente desgastadas o exprimidas, muchas de ellas enfermas (ej: mycoplasmosis, diarreas, etc) o moribundas; sus cuerpecillos llenos de sustancias químicas como antibióticos, hormonas, virus vacunales, etc., etc. PERO TODO ELLO NO TE LO DICEN quienes te venden "la gallinita para tu caldito".
En otros países, por ley, este tipo de animales están prohibidos de ser comercializados, bajo penas muy severas en caso de incumplimiento. Es decir, animales en estas condiciones NO SON APTOS PARA EL CONSUMO HUMANO por poner en riesgo potencial la salud pública. Todos estos lotes de gallinas son sacrificadas sin excepción.
Pero aquí no. Eso no es negocio. Más plata se gana creando el mito del caldito para luego vederte las gallinitas. Y como siempre en este país, los incautos caen redonditos.
Las casi mágicas propiedades de este plato carecen de todo sustento ya que se trata de sólo un simple hervido que contiene muchas de las sustancias mencionadas anteriormente, además de ácidos grasos saturados (ver foto siguiente), colesterol y otras perlas.

Lo único rescatable son los muchos minerales que contiene: sodio, cloro, potasio, etc. que bien los puedes obtener de manera limpia y sana al saborear una sabrosa manzana o al beber una limonada.
Así que ya sabes.
Y como dijo el gran Ricardo Palma...
…y vieja pelleja,
saca tu moraleja.










