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jueves, 8 de octubre de 2009

- UNA VISITA AL CEMENTERIO




Buenos Aires. Cementerio de la Recoleta.

"Por un lado la vida, por el otro la muerte. Bares, restaurantes, parques florecientes, feria de artesanos, risas de la gente. La muerte los mira silenciosamente, paz del cementerio, del lado de enfrente. Detrás de sus muros reposa el valiente, poetas, deportistas, varios presidentes, atrapa el misterio de jóvenes niñas, de historias de amor y bellas durmientes. Angeles custodian sus sueños truncados, reposan espadas que tanto han luchado, laureles coronan las glorias logradas palmas de maritirio, lágrimas amargas. Un ancla pretende afirmarse en la tierra, ignora el misterio que la muerte encierra y un Cristo que observa con dulce mirada bendice a quien llega a su eterna morada."

Mientras visitábamos sus avenidas, recorríamos sus pasillos, contemplábamos maravillados los antiguos mausoleos, las hermosas criptas, las increíbles esculturas, sentíamos una presencia perenne, constante, permanente: nos sentíamos observados en todo momento.

Y no es que el cementerio estuviera lleno de gente. Todo lo contrario, prácticamente estaba desierto a esa hora de la tarde de un día de semana cualquiera. A medida que avanzábamos en nuestro recorrido y nos dirigíamos hacia el lugar donde reposa el personaje más famoso del lugar, tuve la certeza de que había “algo” allí.
De pronto, y entre las piedras y lápidas, y en una fracción de segundo lo vimos: una sombra fugaz ¿o acaso un fantasma?...noooo qué va!!!!. En ese instante nos detuvimos para “resetear” nuestros lógicos cerebros: ok se supone que aparte de nosotros, todos los demás están descansando en sus tumbas…¿o no? Luego de tomar aire y convencernos de que todo era una jugarreta de nuestras mentes, proseguimos nuestro recorrido. Lo que sucedió a continuación no podía deberse a nuestra imaginación: mientras nos detuvimos para admirar un mausoleo…lo escuchamos…
Era un sonido algo parecido a un gemido, un quejido, una voz muy aguda que provenía de aquella tumba. Pero había algo extraño en aquella voz, sonaba familiar... y muy familiar, por cierto.
Luego de reconocer aquella vocecilla, y de sonreír aliviados, lo llamé. Sabía que estaba detrás de aquella vetusta y mohosa lápida. De pronto, y como reconociendo el tono amigable de mi voz, sale de su modorra: nos mira con cara de sueño, estira sus patitas, entrecerrando sus ojillos para que no lo ciegue la luz del sol, mientras da un largo bostezo.

Era un gato.
















Luego de aquel ritual se acerca a nosotros y nos ofrece su cabeza para que se la acariciemos.


Y es que este cementerio es morada de decenas de gatos, y constituyen la otra gran atracción de este lugar. Los hay de todos los tamaños y colores. Puedes ver y acariciar a Canelo (foto), este cruzado de pelo largo y frondoso. Puedes ver también a la hembra tricolor, más grande que un schnauzer, y descansando plácidamente junto a la tumba de Evita...





...o tal vez puedes ver al cenizo de pelo corto y con cara de nomolestenquetengosueño, en fin...La lista sigue y sigue.Todos ellos están en buena forma. Pude preguntar a una de las encargadas acerca de su cuidado y mantenimiento. Me dijo que todos tienen un nombre, se les vacuna periódicamente, se les desparasita. Y lo principal: están esterilizados. Hay varias señoras voluntarias que, como ella, se turnan para llevarles alimento diariamente y proveerles agua fresca.












Lo que los gatos tienen muy en claro es que éste SU lugar, su hogar: les pertenece, y nos permiten a los humanos invadirlo diariamente. Uno puede notar el mágico efecto que tienen estos animalitos sobre los visitantes. Mientras uno pasea por el cementerio, puede comprobar que las compungidas "caras de velorio" de los concurrentes se transforman al instante en rostros iluminados por la alegría, por el simple hecho de ver y acariciar a estos simpáticos moradores:


Ellos nos recuerdan la maravilla de la vida en medio del dolor y la incertidumbre de la muerte.











5 comentarios:

Anónimo dijo...

todos hermosos iluminando el lugar

Miyita dijo...

Mira tu que imperdonable, visité dos veces Buenos Aires y no fuí al cementerio de la Recoleta, nada la siguiente prometo ir (a ver a los gatos). Una entrada especialmente refrescante querido DrG. Besos y abrazos, buen fin de semana.

Anónimo dijo...

me alegra saber que existen estas personas que se preocupan por estos animalitos de Dios

y que estan en total libertad de andar por donde les plazca y que lugar tan singular tienen por casa!!

gracias por compartir esto estimado Doctor G

abrazo,

GRESA

¿Conocen este perrito? dijo...

El cementerio de Recoleta es famoso por los hermosos monumentos, y los bellísimos "cuidadores" del lugar.
Es una visita pendiente que tengo, la próxima vez que vaya a Bs As.
Saludos!

Lilia dijo...

Yo vivo en Bs As y nunca fui al Cementerio; sí a la Basílica a cantar... la próxima visitaré a esos adorables moradores.