Buscar en este blog

domingo, 21 de septiembre de 2008

- EL PRINCIPITO Y EL ZORRO




Entonces apareció el zorro:

—¡Buenos días! —dijo el zorro.
—¡Buenos días! —respondió cortésmente el Principito, que se dio vuelta pero no vio nada.

—Estoy acá —dijo la voz- bajo el manzano...

—¿Quién eres tú? —dijo el Principito— Eres muy lindo...

—Soy un zorro —dijo el zorro.

Ven a jugar conmigo —le propuso el Principito—. ¡Estoy tan triste!...

—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—. No estoy domesticado.

—¡Ah, perdón! —dijo el Principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

—¿Qué significa "domesticar"?

—No eres de aquí —dijo el zorro—. ¿Qué buscas?

—Busco a los hombres —dijo el Principito—. ¿Qué significa "domesticar"?

—Los hombres —dijo el zorro— tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?

—No —dijo el Principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"?

- Es una cosa demasiado olvidada —dijo el zorro—. Significa "crear lazos".

—¿Crear lazos?

—Sí —dijo el zorro—. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...

—Empiezo a comprender —dijo el Principito—. Hay una flor...
Creo que me ha domesticado...

(...)
Pero el zorro volvió a su idea:
—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero si me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré un ruido de pasos que será diferente de todos los otros. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra. El tuyo me llamará fuera de la madriguera, como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada. ¡Es bien triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo...

El zorro se calló y miró largo tiempo al Principito:

—¡Por favor... domestícame! - dijo.

—Bien lo quisiera - respondió el Principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.

—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-.

Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, Ios hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!

—¿Qué debo hacer? —dijo el Principito.

Hay que ser muy paciente —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero , cada día, podrás sentarte un poco más cerca...

Al día siguiente volvió el Principito .

—Hubiese sido mejor venira la misma hora -dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón...

(...)

Así el Principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:

—¡Ah!... —dijo el zorro—. Voy a llorar.

—Tuya es la culpa — dijo el Principito— No quería hacerte mal pero quisiste que te domesticara...

—Sí —dijo el zorro.

—Entonces no ganas nada.

—Gano —dijo el zorro—, por el color del trigo. Luego agregó:

Ve y mira a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto.

El Principito se fue a ver nuevamente a las rosas:

- No sois en absoluto parecidas a mi rosa; no sois nada aún les dijo-. Nadie os ha domesticado y no habéis domesticado a nadie. Sois como era mi zorro. No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Y las rosas se sintieron bien molestas.

- Sois bellas, pero estáis vacías -les dijo todavía-. No se puede morir por vosotras. Sin duda que un transeúnte común creerá que mi rosa se os parece. Pero ella sola es más importante que todas vosotras, puesto que es ella la rosa a quien he regado. Puesto que es ella la rosa a quien puse bajo un globo. Puesto que es ella la rosa a quien abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté (salvo dos o tres que se hicieron mariposas). Puesto que es ella la rosa a quien escuché quejarse, o alabarse, o aún, algunas veces, callarse. Porque que ella es mi rosa.

Y volvió hacia el zorro
-Adiós — dijo.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se puede ver bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

—Lo esencial es invisible a los ojos —repitió el Principito, a fin de acordarse.

—El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante (...)

-Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...

—Soy responsable de mi rosa... —repitió el principito ,a fin de acordarse.


3 comentarios:

Minini dijo...

Hola Doctor:
Me encanta este fragmento del Principito que ha elegido. Solo por curiosidad...quién domestica a quién....No sé si sea una de esas preguntas que tienen una sola respuesta que es la correcta, pero imagino que es mutuo.
No sabré con certeza (ni con la sabiduría del zorrito) que será domesticar, pero sí sé que mi pequeñuela es única y creo que me ha domesticado, tal como la rosa al Principito ;)

Doctor G. dijo...

Minini:

creo que tú misma ya has encontrado la respuesta...

Saludos.

Anónimo dijo...

El mejor libro que he leido en mi vida!
María