
Esto ocurrió hace poco, y en mi entorno familiar.
Día: un lunes cualquiera, siete de la noche más o menos. Llega mi cuñado a su casa luego de un día de trabajo normal, y encuentra a su pequeña de tres años
-mi sobrina- con marcas de arañazo en su carita. Cuando él le preguntó, entre sorprendido y ofuscado, quién la arañó, ella respondió sin dudar:
Cucho me arañó...
(Cucho es el más sociable de mis gatos, y a quien le encanta estar alrededor de las visitas para que le acaricien las orejas y le rasquen la panza).
Mi cuñado sabía muy bien que era imposible que mi gato hubiera sido el causante de esos arañones, por dos sencillos motivos:
1) Mi hermana y familia no habían estado de visita por mi casa hacía semanas, y
2) cuando están de visita no le quitan el ojo de encima a su pequeña.
Poco después llega mi hermana a su casa y luego de sobreponerse a la sorpresa, repite la misma pregunta, que quién fue el que te arañó la carita. Y la respuesta sigue siendo la misma:
...el gato Cucho me arañó...
La situación se puso ya complicada cuando los abuelos paternos -los suegros- intervienen en el asunto:
- ¡¡Cómo es posible que ese gato (...)!!
- ¡¡Cómo dejan que ese gato (...)!!!
Como ves, a estas alturas de las circunstancias, ya se había instalado un Tribunal del Santo Oficio, el cual - basándose en las obvias evidencias (el indudable arañazo en el rostro y en el incuestionable testimonio de la pequeña víctima)- ya había juzgado, sentenciado y condenado a mi gato Cucho, y quién sabe a qué pena o castigo.
Cuchito
Ante la amorosa y paciente insistencia de mi hermana y mi cuñado, amén de la promesa de que ni papi ni mami se iban a molestar ni la iban a castigar por decir la verdad, la pequeña finalmente confesó:
- Matías me arañó ... (en el Nido).

El resto de la historia no tiene relevancia para este capítulo, pero el episodio me sirve para formular varias preguntas y sacar algunas conclusiones.
- ¿Qué hubiera ocurrido en otro contexto familiar ante la insistencia del pequeño de la casa de culpar -como en este caso- al gato por sus marcas en la cara o alguna otra parte de su cuerpecito?
- ¿Cuál habría sido el destino del animal injustamente acusado?:
- ¿Habría sido "perdonado"?
- ¿Habría sido castigado?
- ¿Habría sido regalado?
- ¿Habría sido arrojado a la calle?
- ¿Habría sido matado? o simplemente...¿se habrían olvidado del asunto?
- ¿Cuántos casos como éste se producen a diario sin que lleguemos a enterarnos?
- ¿Hay que creer en lo primero que dice un niño porque "los niños nunca mienten"?
- ¿El testimonio de un niño es prueba suficiente para condenar a un animal o persona?
- Cuando los niños interactúan con un animal, ya sea en casa, en la calle o en cualquier otro lugar ¿son los padres lo suficientemente responsables como para supervisar esta interacción TODO EL TIEMPO?
CONCLUSIONES
- Como ocurrió con los abuelos de esta historia, la mayoría de la gente se deja llevar por sus emociones en vez de usar la razón y el sentido común para llegar a la verdad.
- En casos como éstos averigua, indaga, usa tu lógica, echa a andar tu sentido común (que en estos tiempos es el menos común de los sentidos).
- Hay que supervisar la interacción animal-niño TODO EL TIEMPO.
- Y por último, pero no menos cierto...
...LOS NIÑOS NO SIEMPRE DICEN LA VERDAD.












